"...El emigrado necesita que se le escriba, que se le mantenga ligado a su tierra de origen, sino su correspondencia pronto escaseará y olvidará su lengua materna. Aún no ha recibido correo, ni siquiera de su madre, ni de ninguna mujer amada, ni del Eco della Stampa al que se había abonado antes de partir. Cuando va al centro, va al Times Square a comprar algún número de La Stampa para leer "Lo Specchio dei tempi", los accidentes en las autopistas y los jubilados asfixiados por el gas, pero no basta..."
"...Después de cuatro días en Nueva York sueño que inmediatamente he regresado a Italia. No recuerdo el motivo por el que he regresado: por una razón cualquiera sentí ganas de volver, una inspiración momentánea, y heme de nuevo en Italia sin saber qué he venido a hacer. Pero siento la necesidad urgente de regresar en seguida a Norteamérica. En Italia a nadie le importa que yo haya estado en Norteamérica ni que haya vuelto. Se apodera de mí una desesperación loca por no estar en Norteamérica, una angustia espantosa, un deseo de Norteamérica que no está relacionado con ninguna imagen particular sino como si me hubieran arrancado de la vida. Nunca sentí una desesperación tan absoluta. Me despierto temblando: volverme a encontrar en la sórdida habitación de mi primer hotel norteamericano es como volver a encontrarme en casa..."
Italo Calvino, "Emitaño en Paris. Páginas autobiográficas", págs. 50-51.
Palabras que llegaron a mi gracias a mi amiga María.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario