Salí para México el jueves 27, un vuelo directo desde Montréal. Me levanté como a las 4hs de la mañana para poder tomar el omnibus de las 5h15 que me dejaría directo en el aeropuerto. Tenía un poco de temor porque habían anunciado lluvia, lo que iba a complicar bastante arrastrar la valija unas 15 cuadras hasta la "Estación Central", desde donde salen los omnibus para el aeropuerto. Pero por suerte sólo fue una leve llovizna, y después de envolver la valija en una bolsita de nylon por las dudas...salí confiada. Fue una linda caminata, por las calles desiertas, con el color de la madrugada, medio azulado, un poco más intenso de lo normal a causa de la lluvia. Llegar a la plaza y escuchar la fuente, y sentir que me estaba yendo de mi barrio, tomar conciencia de que era la primera vez que salía de "mi casa" aquí, sentir esa nostalgia, ese leve sentimiento de ausencia que nos invade cuando partimos, fue lindo.
Me encanta tomar el ómnibus al aeropuerto porque atraviesa la ciudad, los hoteles, los grandes edificios, esos rincones a los que generalmente nunca voy, ahí empieza el viaje.
La llegada al aeropuerto fue puntual, ningún detalle especial a mencionar. Pero aunque ya había desayunado, y aunque me esperaba otro semi-desayuno en el avión...no pude evitar comprarme un café con leche con una rosquita. Porque sí, porque me pone contenta, porque no hay nada mas lindo que sentirse viajero, sea cual sea la distancia que recorremos.
El viaje fue muy tranquilo, pude acomodarme bien porque no había mucha gente. Y entre el despegue y el desayuno, pude sacar algunas fotos del cielo, dan ganas de zambullirse, no?
Y una foto de México D.F, vista también desde arriba ...
Y finalmente la llegada, y la gente que se espera..
Después, saqué las hojas con todas las indicaciones y mapas (porque México es una ciudad MUY grande, y ahora llegando desde Montréal la inmensidad me atemorizaba todavía más). Por suerte las intrucciones que me habían dado para tomar el taxi eran las correctas, así que unos minutos después ya estaba enfilando para el hotel. Dejé mis cosas, me cambié rápido y me fui al Museo de Antropología, porque ese día se realizaban ahí las jornadas (...comentario aparte: llegué un día tarde al congreso porque tenía mi entrada para el recital de The Cure que finalmente se suspendió, por suerte nos prometieron que vienen en Mayo, como siempre, espero...)
Cuestión que me dijeron que el museo quedaba cerca...así que no pude evitarlo y me fui caminando. Es que si hay algo por lo que se destaca esta ciudad es por el tráfico....filas y filas de autos, siempre, cualquiera sea la ruta, la hora, el día. El camino era sencillo: derecho por el Paseo de la Reforma (gran avenida con peatonales y muchos árboles) hasta llegar a los bosques de Chapultepec y de ahí, derecho hacia el lago y luego a la izquierda. Cada 10 minutos los amables transeúntes me confirmaban que me faltaban 15 minutos, generosa solidaridad que colaboró con mi llegada a destino..creo que si me hubieran dicho la distancia real nunca hubiera llegado! (porque obviamente, me puse las sandalias equivocadas y llegué casi en puntitas de pie para evitar las ampollas...). Aquí algunas de las fotos de la travesía...
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