domingo, 27 de enero de 2008

De patitas en la calle..

Ayer, alrededor de las 12 del mediodía, decidí salir de mi casa para ir al supermercado. Salir al exterior demanda ciertos trámites: ponerse las botas, los guantes, la bufanda, el gorro, la campera, levantar el cierre, verificar que está todo en orden y que no falta nada. Abrir la puerta que da al pasillo y después la que da a la calle, y salir. Cuando estaba a punto de poner las patitas en la nieve, advertí que me falta algo: las llaves de mi casa. Y evidentemente, iba a ser difícil encontrarlas porque ya había cerrado la primera puerta. Osea, me había quedado afuera. Para estos casos tengo dos alternativas: llamar a uno de mis vecinos, el propietario, que tiene una copia. Si esto no funciona, llamarla a Grazia por teléfono para pedirle la otra. El propietario no estaba, por suerte tenía unas monedas para el teléfono público, pero no sirvió de mucho porque Grazia tampoco estaba en su casa, y el contestador estaba saturado de mensajes. Iba a ser en vano volver a intentarlo, porque ayer me dijo que hoy a las dos de la tarde tenía un almuerzo con un amigo..osea, dificil preveer su horario de llegada.

Salí de la cabina telefónica, aprovechando que nadie sabe qué quiere decir "la put...que te parió" me expresé sin demasiada culpa. Volví hasta mi casa y me paré de nuevo frente a la puerta, para reflexionar sobre las alternativas posibles, aunque no había demasiadas. A las 15h30 tenía una cita en el cine de la estación Atwater, la única opción era hacer tiempo hasta esa hora, ir al cine y después intentar localizar a Grazia otra vez.

Ya resignada y dando por perdido el desafío, lo veo pasar a Kitty (el gato naranja).

-"Que tal, como va todo", me preguntó.
-"Y todo, mal, me quedé afuera otra vez y no tengo la llave", le dije.
-"Si, a mi también me dejan afuera a veces, pero tengo un par de vecinos que me hacen la gamba. Aunque no te recomiendo a los del gato siamés de la otra cuadra porque la comida es bastante floja".

Bajamos la escalera y nos fuimos caminando hasta la esquina. Mientras nos despedíamos, volví la cabeza y lo veo entrar a Trevor, otro de mis vecinos (humano, no gato). Justo esa mañana, había estado pensando en volver a hablar con él por el tema de la terraza que compartimos, ya que lentamente se ha transformado en un museo de cajas de vino y de cerveza...pero vacías!

Corrí para explicarle que había dejado la puerta de calle abierta porque no tenía la llave para cerrarla. Entonces, me dijo muy convencido "ah, pero yo tengo un cuchillo, esperame un minuto". Evidentemente, no era momento para hacerle ningún reclamo...Entró a su casa, buscó el cuchillo, y en el lapso de 5 segundos la puerta de mi casa estaba abierta. Osea..que voy a tener que seguir conviviendo con la bodega Giol, siempre que estoy por retarlo me salva la vida! no es justo!

Otra pregunta "de qué viven los cerrajeros en Montréal?"

1 comentario:

Cécile dijo...

Ja ja...ya me imagino que al final vas a terminar enamorada de Trevor !!!! ja ja aja besos desde Bs As
Cécile