Pasé la prueba de fuego!!! y al fin, pude comprobar que, o Montréal es una ciudad generosa... o mi ángel protector se ha enamorado de alguna "elfa" québécoise y para conquistarla no le ha quedado otra que demostrarle sus talentos usándome como terreno de práctica...!
Lo más gracioso de todo esto, no ha sido la facilidad con la que encontré departamento (contradiciendo una de las leyes más antiguas: la ley del esfuerzo), sino el hecho de haber organizado una mudanza...sin haber comprado nada! Pero que no se malinterprete: no robé un banco, no cobré el rescate de ningún secuestro, no usurpé ninguna casa ajena ni me casé con ningún millonario. Simplemente, levanté un teléfono para hablar con mi amiga Viviana y contarle mis buenas nuevas, y cinco minutos después ya tenía (formalmente hablando): base de futón, colchón, cajonera, lámpara, biblioteca. La única condición era buscar los muebles el sábado siguiente, el día de su propia mudanza, ya que no había lugar para guardarlas en su nueva casa. Pero si lo había en la mía, y me imagino la felicidad que habrán sentido al saber que rápidamente encontraron su lugar, cosa que a algunos les (nos) lleva toda una vida...
Así que la siguiente tarea era organizar la mudanza. Una de las alternativas era contratar el mismo camión que iba a usar Viviana, pero resultaba caro para transportar unas pocas cosas, y aunque el valor es siempre el de uso (o debería serlo), era evidente que iba a pagar por el espacio vacío. Finalmente, gracias a la recomendación de Leonel, recordé que en la lista de argentinos en Canadá alguien se había ofrecido hace un tiempo para hacer mudanzas con su camioneta. Por suerte encontré el teléfono, y sin cortar el ritmo, aceptó darme una mano.
El sábado entonces partí hacia lo de Viviana para ayudar a cargar las cosas en la camioneta, agradeciendo que hubiera sol en vez de la prometida lluvia. Y como si fuera mi cumpleaños, ademas de los muebles recibí un equipo de música (para poner en la cocina y escuchar radio mientras lavo los platos, decir mientras cocino generaría desconfianza en mi relato), unas cacerolas, y un sillón, al cual tuve que renunciar porque llegué a la conclusión de que ya tenía más muebles que espacio donde ponerlos.
Después de unas horas de incertidumbre (porque mi compatriota argentino decidió llevar el auto al mecánico justo esa misma mañana, y el tallerista no era québecois...una manera sútil de decir que "entre nos" los horarios de entrega se siguen rigiendo por los principios del sur, para no sentirnos tan lejos :), mi primer "superman" llegó y me ayudó a cargar todo en la camioneta y a descargarlo en mi casa. En una hora todo estaba listo.
Pero quedaba el segundo desafío: trasladar mis valijas y demás pertenencias desde mi residencia anterior, por suerte ubicada a pocas cuadras de mi nuevo hogar. Y para esto, apareció Yanick, escoltado por Grazia (quien además de encontrarme casa, me regaló vajilla, un silloncito, un paraguas y una mesita que encontró en una "rondelle" cercana -calle lateral- unos días antes, como tenía rueditas, me dio la idea de transportarla hasta el depto...mi primer rescate urbano!!).
Así que, finalmente, tuve mudanza en Montréal. Ayer dormí ahí por segunda vez (porque por ahora estoy cuidando a Domingo la mayor parte de la semana), y tal como imaginaba, una de las cosas más lindas de mi casa está fuera de ella: el árbolito frente a mi ventana.
domingo, 27 de mayo de 2007
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