martes, 3 de abril de 2007

la calle, divino tesoro (parte 1)

Generalmente uno amuebla su casa con objetos que ha comprado, o si uno ha tenido suerte, con objetos que le han regalado o que ha heredado. Uno puede tener cosas más o menos modernas, más o menos lindas...pero, en términos generales, la fórmula es esa.

Sin embargo, en Montréal parece que la lógica es un poco distinta. Por empezar, y como era previsible, las mudanzas ocurren al ritmo de la temperatura, y para ser más precisos, generalmente un sólo dia: el 1 de Julio. Ese día los quebequenses deciden cambiar de casa, excusa perfecta para no tener que responder los saludos telefónicos de los hermanos albertianos, ontarienses o saskatchewanenses que conmemoran, en esa misma fecha ,"la fiesta de Canadá" (me he enterado al llegar aquí que Québec no es sólo una provincia de Canadá sino una "nación francófona" que reivindica su soberanía respecto al Canadá anglófono, dominante y...rico. Parece que es una laaarga historia..)

Pero dejando de lado por un rato los problemas domésticos, una de las cosas que me llamaba la atención al escuchar las "historias de mudanzas en los barrios de Montréal" es que la mayoría de las personas (debo aclarar, extranjeros como yo) ha amueblado su casa con objetos encontrados en la calle, una categoría que no estaba presente en nuestra lista.

Cuando uno piensa en objetos encontrados en la calle uno se imagina, por ejemplo, una damajuana de vidrio color verde (la única cosa que recuerdo haberme encontrado una vez en Pueyrredón casi esquina Córdoba), una maceta, o (sólo una vez en la vida y algunos quizás nunca...), el marco oxidado de una bicicleta. Pero en Montréal, un objeto encontrado en la calle puede ser una heladera con freezer, un sofá cama azul de tres cuerpos, un juego de cacerolas, un televisor 24'', y lo peor de todo...funcionando.

Cuando uno escucha estos relatos, generalmente tiende a pensar que se trata, una vez más, de esas historiass casi míticas que se repiten de boca en boca, y que tienen como verdadera finalidad hacerle creer al inmigrante recién llegado que, en Montréal, la vida es realmente bella. Pero resulta que a uno después lo invitan a una casa, y comprueba que el juego de cacerolas y el sofá cama azul de tres cuerpos existen...pero claro, no hay muchas pruebas de su origen. Creer o reventar.

Al día siguiente, uno sale a caminar por el barrio, y casi sin querer, empieza a mirar con un poco más de atención los árboles, el cesto verde de los miércoles (el día del "reciclado"), los montículos de hojas (o nieve) que se amontonan en las esquinas. Pero al cabo de algunas semanas uno llega a la conclusión de que, en nuestra lista, no sólo no hay ni regalo, ni herencia, sino que ni siquiera nos funciona el "botellero"!!

PD. Me acuerdo que en Rosario, la ciudad donde vivía cuando era chica, los sábados pasaba el "botellero" (así se anunciaba) y yo pensaba que sólo había que darle las botellas. A algunos quizás les interese el dato...

1 comentario:

Cécile dijo...

¿Que es el botellero?? Seré una ignorante pero no tengo ni idea de que estás hablando....
un beso