Dedicado a mi amiga María, que nos presentó.
sábado, 21 de abril de 2007
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"Temí que no quedara una sola cosa capaz de sorprenderme, temí que no me abandonara jamás la impresión de volver. Felizmente, al cabo de unas noches de insomnio, me trabajó otra vez el olvido". (El Aleph)
1 comentario:
Conita, acabamos de volver del cine, de ver La vida de los otros. Nos gustó mucho. Ya me había gustado tanto, flechado, Goodbye Lenin, pero esta también, qué madurez, qué historia. Me encantó. Ya te había leído todo la última vez que mandaste actualización y veo que seguís escribiendo, tengo ganas de probar el caramelo de arce, de hecho, parece casi un caramelo animal, animal de las mismas latitudes el alce. Y seguís haciendo muy bien de disk jockey. Buenísimos los Bee Gees, es increible como todo el video es igual pero tan cautivante, la terrible voz de bala que tiene uno, lo hermosa que es la canción, lo que se llama un lento. Sigo bajando y todas referencias a cosas queridas y compartidas, incluso una tal Cecile, que también te deja mensajes. FAN de la película de Sofía Coppola, una sutileza femenina, uno se identifica tanto. Damon, Robert, el demagogo de Morrisey con la foto de la fan, pero siempre lejano, mejor así para no decepcionar a esa bella fiel seguidora. Me gusta mucho saber todo esto de vos. Leí sobre esa chica mejicana alter ego tuya, qué cosa hermosa, saber cómo coincidían a la distancia y su muerte tan temprana, y a la vez ¿no son siempre a punto? Ah, misterio.
Ya leeré más organizadamente este último envío. Un beso y como decía mi primo Anton, un abrazo quiebracostillas.
PD: ¿Te acordás las modas de nuestras cartas? Por ejemplo, las largas series de postdatas numerados. Ridículas. Adolescentes. Cándidas. No tan cándidas. Fantasiosas. Cuando leía el pie del copado video de This boy acústico, y pensaba: qué perspectiva esas tres caritas amadas en perspectiva, sí, fijate de vuelta, hacia el final del video, reflexionaba sobre lo que decías de las fotos, es verdad, la proto-era de la imagen, me acuerdo de cómo atesorábamos y compartíamos y reproducíamos esas estampas profanas, las verdaderas fotos pornográficas de nuestra adolescencia: una sonrisa maliciosa de John, una mueca del graciosillo de Paul, esa cara que ya se veía venir que iba a terminar con un brote místico de nuestro amado, me atrevería a decir nuestro predilecto, George. Pensaba en cuanta razón tenías al recordar la proto era de la imagen en que vivíamos, en la que la fotocopiadora era rey y el correo tenía alas, y me acordé de otra cosa de cartón. El plato de cartón en el que venía la torta de ricota que nos gustaba comer los viernes, cuando salíamos más temprano del colegio -¿era que no teníamos inglés?- pero que al comerla mientras escuchábamos los discos de tu papá en mi casa y suspirábamos nos parecía tanto menos dulce que lo que las voces de esos muchachos nos inspiraba. Ah. Te quiero amiga. Por esos viejos tiempos mucha salud al porvenir de nuestra amistad. Y mientras estás tan lejos, con esa extraña gente latina del norte tan civilizada, ¿Nos escribimos? Paso a la línea privada.
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